¿Estás
pensando en Subir al Aconcagua y te surgen
muchísimas dudas?
Encontramos este excelente artículo del Club
del Andinista de Mendoza
lleno de buenos consejos y lo compartimos con nuestros amigos.
¿Es fácil subir al Aconcagua?
Depende de lo que entendamos por "fácil".
Podemos diferenciar entre técnicamente fácil,
físicamente fácil o anímicamente fácil
según midamos cómo haya que escalar, cuánto
haya que esforzarse o cuánto haya que sufrirlo.
La aparente facilidad técnica para ascender esta montaña
no debe ser confundida con que se trate de una "montaña
fácil". No hay que pensar que una ascensión
seria pueda ser reemplazada por un mero trekking. Esta trampa
ya ha cobrado muchas vidas, precisamente porque el Aconcagua
permite que personas inexpertas y mal equipadas puedan a veces
llegar con relativa facilidad a lugares potencialmente muy
peligrosos, sobre la técnicamente sencilla ruta norte
o normal. Las otras rutas, más técnicas, suman
a la dureza propia del ambiente las dificultades técnicas
de la escalada.
¿Hay que escalar con las manos?
No en la Ruta Norte o Normal. En ese sentido, por la Ruta
Normal, el Aconcagua es una montaña técnicamente
fácil. Sólo exige caminar cuesta arriba. Pero,
algunos años aparecen neveros duros en el tramo final,
que aconsejan hacer una travesía cuidadosa por la pendiente.
Es conveniente tener un poco de experiencia o contar con un
guía. En las otras rutas sí se encuentran dificultades
diversas de escalada técnica. La más moderada
ruta, en este sentido, es el Glaciar de los Polacos. El filo
Sudoeste y filo Sur tienen dificultades muy puntuales en algunos
pasos, caracterizándose por la tremenda soledad. En,
fin, la Pared Sur es de una dificultad extrema.
Entonces, ¿la ruta normal es fácil
o no?
No es fácil. Físicamente es un desafío
muy grande. Se debe estar en la mejor forma física,
porque la altitud es muy grande. Y además, muy bien
equipado. No es un trekking. El ascenso exige constancia,
esfuerzo continuo y también cierta velocidad.
¿Significa que es sólo cuestión
de estar bien entrenado y bien abrigado?
No es tan sencillo, porque si no cualquier persona sana con
tiempo para entrenarse y dinero para equiparse, podría
subir. Y en el Aconcagua han fracasado muchísimas personas
a las que les sobraba tiempo y dinero. Se requiere una profunda
y endurecida motivación y tenacidad.
Los últimos tres días pueden significar para
muchos un notable sufrimiento, que sólo se puede soportar
si los estimula la perspectiva de superarlo. O se lo puede
suprimir abandonando el intento. Ese es tal vez el momento
de tomar la decisión más importante, no sólo
para el éxito sino también para la seguridad.
¿Es peligroso?
No más que cualquier gran montaña. El peligro
intrínseco es fácil de contrarrestar eligiendo
con responsabilidad y disciplina los recursos para afrontarlo.
El problema es que muchos pueden ignorar o despreciar tales
herramientas, y entonces ascender el Aconcagua se convierte
en una aventura en la que, como ya se dijo, es muy fácil
llegar a lugares potencialmente muy riesgosos para algunos.
¿Cuáles son esos recursos?
Como ya dijimos, lo básico es buen equipamiento de
alta montaña y entrenamiento físico inmejorable.
Pero ello debe ser dirigido por una motivación de hierro
y completado con experiencia en montaña. Y todo debe
ser evaluado con responsabilidad para que sea válido.
¿Cómo se logra eso?
Asesorándose y eligiendo realmente el mejor equipo,
sin improvisación. Hoy la calidad es accesible y la
gran competencia comercial ha bajado los precios. Además,
se puede alquilar la mayor parte. No hace falta decir mucho
sobre el entrenamiento: debe ser intenso y prolongarse durante
varios meses antes de la expedición. Y la motivación
debe mantenerse encendida y educada a lo largo de todo el
proceso. Muchos abandonan sin luchar lo suficiente, aunque
bien es cierto que este escape natural ha salvado vidas.
¿Y la experiencia en montaña?
Una gran proporción de los accidentes y anécdotas
de esta montaña están ligados a la inexperiencia
de desaprensivos visitantes, lo que ha sido la causa de innumerables
pequeños inconvenientes y grandes tragedias en el Aconcagua.
Dejando de lado aquellos ligados directamente a la técnica
andina, y por lo tanto a la aptitud técnica del expedicionario,
subsisten algunos problemas típicos que no cesan de
repetirse. Los más frecuentes relacionados con la inexperiencia
son: los extravíos, la dureza del ambiente, las condiciones
meteorológicas cambiantes, y la persistencia ante el
agotamiento o problemas físicos.
Pero las estadísticas de los últimos 20 años
enseñan que esos problemas tienen una ocurrencia prácticamente
nula cuando la expedición cuenta con la jefatura de
un guía de montaña profesional.
Es cierto que lo ideal es que el Aconcagua sea un paso más
antecedido por otras montañas. Y que tampoco sea el
último. De ese modo la lucha por subirlo tendrá
su justa dimensión, sin ser desmesurada ni signada
por los propios límites ni por la buena suerte. Pero
hoy es posible confiar la parte "administrativa"
de esa lucha a un guía de montaña. Él
tomará las decisiones logísticas y tácticas,
evitará imprevistos y nos pondrá en una perspectiva
relativamente "cómoda" para luchar. No nos
llevará a la cumbre -sólo nuestras piernas,
corazón y cerebro pueden hacerlo-, pero cargará
nuestra arma y será nuestro escudo en la lucha. De
ese modo podremos focalizarnos más en el objetivo,
dejando que sea él quien nos aporte la experiencia
que nos pueda faltar.
¿Ese objetivo es la cumbre?
Esa es una cuestión de valores personales. La cumbre
es sólo un nombre para nuestra victoria o fracaso.
Ese nombre bien puede ser el objetivo, pero la verdadera culminación
es regresar a casa con alegría del desafío cumplido,
cualquiera sea el resultado métrico. Compete al guía
interpretar esos sentimientos y ayudar a realizarlos. Pero
definitivamente la prioridad del guía no es la cumbre
sino la seguridad. Su arte radica en lograr los objetivos
que se le encomiendan, sin apartarse un sólo momento
de la seguridad. Ese equilibrio no es ni la seguridad pura
-que no existe- ni el éxito deportivo puro.
¿Quiénes son los guías profesionales?
La Dirección de Recursos Naturales Renovables (DRNR)
del Gobierno de Mendoza es quien administra el Parque Provincial
Aconcagua y expide los permisos de ascensión. En ella
existe un registro oficial de los guías de montaña
y trekking que operan en el Aconcagua.
Estos guías tienen títulos oficiales de validez
provincial dados por la Escuela Provincial de Guías
de Alta Montaña y Trekking, que son la mayoría,
y de validez nacional dados por la Asociación Argentina
de Guías de Montaña, de los que somos unos pocos
de los radicados en Mendoza.
AUTOR: GABRIEL CABRERA
(Nota extraída de la página web del Club
del Andinista de Mendoza) |